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¿Por qué nos ENCANTA decorar?


Me apetecía indagar sobre esta realidad que disfrutamos una amplia mayoría de nosotros, saber por qué cuando pensamos en decorar un espacio sentimos en nuestro interior esa emoción y empezamos como locos a buscar inspiración (internet, revistas, tiendas), a imaginarnos cómo quedarían combinadas esas piezas, qué sensaciones transmitiría esa habitación, cómo me sentiría yo en ella…

Resulta que en 2003 se creó la Academia de Neurociencias para la Arquitectura (ANFA) en San Diego EEUU, y desde entonces se ha avanzado muchísimo en el conocimiento de cómo el ambiente es capaz de modelar el cerebro.

La decoración de un lugar habla de las personas que lo habitan, al igual que la forma de vestir, tanto una como otra reflejan enormemente la personalidad de una persona.  
 Decorar despierta la imaginación y la creatividad, nos alegra y nos motiva, nos ayuda a plasmar nuestra propia personalidad en algo que se convertirá en nuestro, un proyecto súper personal que, cuando termine, lo miraremos y nos sentiremos orgullosos de él.
Pero decorar también nos permite hacer "borrón y cuenta nueva", nos ofrece la oportunidad de cambiar y volver a empezar: con el paso del tiempo nosotros mismos cambiamos, nuestros gustos, nuestros intereses, necesidades, y por eso mismo deben acompañarnos nuestra forma de vestir o la decoración de nuestra casa para sentirnos bien.
El objetivo es siempre común: buscar el bienestar, sentirse a gusto en casa, que es nuestro refugio, lo cual nos conecta con nuestra parte más primitiva: sentirnos seguros en nuestra “guarida” (suena lejano, pero hace sólo tres años este sentimiento cobró especial relevancia con el Covid-19 y el confinamiento que vivimos). 
A medida que vamos decorando, vamos creando nuestro bienestar, generando un hogar tranquilo, seguro, lleno de paz, donde relajarnos y a la vez disfrutar y pasarlo bien.
Diseñamos los espacios, elegimos los materiales (baldosas, suelo, carpintería, …), decidimos los colores, las formas, mezclamos texturas y, por último, seleccionamos los detalles finales, esos objetos especiales (un jarrón, un cojín, un cuadro, una manta…) que terminan de dar calidez a una casa y hacerla muy tuya.
Gracias a la Neuroarquitectura, ahora sabemos, por ejemplo, que rodearnos de objetos e imágenes que tienen un significado emocional –porque nos recuerdan buenos momentos, nos inspiran o nos hacen sentir bien– aumenta la sensación de bienestar. Y es que la ciencia ha demostrado que el entorno influye sobre el tipo de pensamientos y sobre la producción de hormonas y neurotransmisores.

En conclusión: la decoración de tu casa puede mejorar tu vida en muuuchos sentidos :-)

En nada estrenamos nueva estación y os traeré novedades🌸… ¡a decorar se ha dicho!

Tatiana Lacasa, fundadora de Ethnica Deco


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