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¿Por qué elegir productos artesanales?


 

Es una forma de consumo más ética y humana, aunque muchas veces son productos más caros que los elaborados de forma industrial. La artesanía y sus saberes responden a una lógica distinta a la de maximizar las ganancias económicas, produciendo, sin embargo, otro tipo de beneficios, tanto en las comunidades y personas creadoras como en aquellas personas que las consumen. 
Aportan valor Cultural
En muchos casos son tradiciones de innegable valor, que se heredan en el vínculo familiar perpetuando y dando a conocer la cultura de los pueblos.
Mejoran la calidad de vida de Personas
Las artesanías están creadas por personas o grupos de personas pequeños que desarrollan un arte y lo hacen de forma manual. Cuando consumimos productos artesanales, damos valor a la técnica y creatividad de las personas que los elaboran. Es entendible, por lo tanto, que su consumo mejora la calidad de vida de personas en concreto, no de corporaciones.
Son amigables con el Medio Ambiente
Los productos artesanales se elaboran en muchas ocasiones con materias que se consiguen de forma natural en el medio donde habitan los artesanos/as, y la producción es manual, por lo tanto, no se necesitan grandes cantidades de energía y no producen residuos.
Es una forma de consumo más Feminista
La producción artesanal supone la solución para muchas mujeres y sus familias, al poder trabajar de forma autónoma o colectiva, organizándose para poder conciliar con la vida familiar.  Potencian el emprendimiento posibilitando la creación de redes de colaboración y ayuda mutua entre mujeres. Tal es así, que están creciendo en todo el mundo iniciativas que potencian el asociacionismo entre mujeres artesanas y la trasmisión de saberes, conocimientos de innegable valor que ayudan a perpetuar la identidad cultural y regional.
Un ejemplo de estas iniciativas es Makiwan, una red de organizaciones de artesanas textiles de la provincia de Jujuy, Argentina. Está compuesta por más de 300 artesanas de 25 comunidades. Es una alianza de distintos orígenes y etnias, que pretende potenciar la artesanía en fibra de llama y vicuña. Tienen una tienda al público en Tilcara, la Quebrada de Humahuaca, con un nivel de ventas muy bueno que ha permitido a sus socias mejorar su calidad de vida y sus talleres productivos. En 2018 realizaron la primera colección colectiva de prendas. Hoy por hoy, están avanzando en la conformación de un consorcio de exportación y en la apertura de nuevas líneas de comercialización en el extranjero. Este proyecto busca fortalecer la autonomía de mujeres indígenas y fomentar la exportación con valor de origen, objetivos de desarrollo sostenible incluidos en la agenda 2030. Este proyecto es sólo un ejemplo, hay muchos similares alrededor del mundo con una tendencia en auge en los últimos años.
Estas iniciativas suponen un ejemplo de sororidad como estrategia laboral ante la desventaja social y económica existente, que permiten a las mujeres progresar y empoderarse mediante la cohesión y la defensa de lo propio haciendo frente a la lógica neoliberal.
Si consumimos con conciencia ética, sabiendo de dónde vienen los productos, quién los elabora y de qué forma, contribuiremos a que este mundo sea un lugar más justo y equilibrado, como dijo Eduardo Galeano:
“Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y, al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable”.
María Sancho, Trabajadora Social y Máster en Relaciones de Género